El lenguaje de la música para contar historias - Upsocl Labs: The Blog
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Es un hecho que la tecnología ha cambiado el comportamiento de las personas a la hora de consumir y descubrir contenido. Este entorno, basado en la digitalización de los contenidos, ha impactado en la industria del entretenimiento, que se ha tenido que adaptar a las nuevas pautas de comportamiento y reestructurar los modelos de negocio. ¿El resultado? Productos más adhoc a la nueva era.

Esto es obvio en el caso de la música, un mercado que ha evolucionado mucho en lo últimos años y que ha transformado la forma en la que los artistas generan sus ingresos, vinculado directamente con su relación con los fans. Seguidores que, gracias a las redes sociales y otras plataformas, demandan relaciones diferentes, de cercanía y fundadas en compartir contenido.

Casualmente, este cambio fruto de la tecnología también lo han sufrido las marcas. Ahora se desenvuelven en un ambiente donde se multiplican las posibilidades para conversar con su audiencia y ésta exige ciertos códigos y formas de comunicación. Es por eso que la música -gracias a su alcance masivo, su componente de entretención, y la admiración que genera- se ha convertido en un vehículo perfecto para que las marcas comuniquen su mensaje de una forma distinta.

“Muchas marcas no están conectando con la gente joven y por otra parte la música lleva tiempo buscando ese mecenazgo.” Carlos Jean, socio fundador de MUWOM

La publicidad se ha convertido en un gran aliado a la hora de impulsar los nuevos modelos de negocio de la música. Y por su lado, los artistas, están aprendiendo a trabajar con las marcas viéndoles como mecenas de su trabajo. Un enlace que requiere replantearse la esencia y los valores de la marca, y comenzar a trabajar desde la emoción. Crear historias sencillas, que inspiren, remuevan y logren esa sensación de admiración que se persigue al experimentar el contenido.

Audi es una de las marcas que ya está trabajando con la música en su campaña de Branded Content: “The sound of emotions” de la mano de MUWOM. Supieron integrar innovación, tecnología y música para crear algo genuino. El proyecto consistía en crear una canción basada en las emociones de las personas. Para eso, el artista Juan Zelada hizo un recorrido por toda España, improvisando canciones ante diferentes personas. Tecnológicamente, se monitorizaban las respuestas emocionales de las personas ante los estímulos musicales y se extraían los pedazos que producían sensaciones positivas, creando así la melodía final. Todas estas personas desconocidas están vinculadas entre sí, formando parte de un mismo proyecto. La experiencia se emitió en 7 capítulos llenos de inspiración y sentimiento. ¿El resultado? Una creación única que hizo sentir la marca a través de una experiencia musical, donde las emociones se convirtieron en el epicentro del mensaje.

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Parece ser que el Branded Content muta a Branded Entertaiment cuando hablamos de entretenimiento, y eso es algo que las marcas están comenzando a percibir. Dando foco a la participación de los usuarios y a la creación de experiencias -“Entretener e interactuar con el consumidor antes que vender”-, se potencia el papel estratégico que tienen las marcas. No se trata de que los anunciantes generen contenido porque es lo que tienen que hacer para que los usuarios les busquen, se trata de convertirse en actores reales de entretenimiento, creando así estrategias a largo plazo.

Entender la nuevas pautas de consumo de contenido y la demanda de los usuarios ha resultado en una potente unión entre dos mundos: la música y la publicidad. Una simbiosis que apuesta por no luchar contra la tecnología y la realidad de la industria, si no que integrar la música y las marcas en este entorno. Esto hace más sentido si además somos conscientes del valor del contenido. El contenido interesante es una de las tres primeras razones por las que los usuarios se hacen seguidores de las marcas.

Sabemos que una marca es difícil que tenga contenido relevante, pero sí lo tiene un artista… Por eso, utilizar la música como arma poderosa que desata emoción, conecta y hace vibrar a la audiencia se ha convertido en uno de los mejores lenguajes para contar historias.